MAMUELITO Y EL UNICORNIO

Teatro de Títeres “Los Gullis”, dirigido por Hugo Adamini.
Realizada en títeres con técnica de guante, boca y marotes.


De las manos de su autor, maestro de titiriteros, disfrutaremos de esta Obra emblemática de la dramaturgia titiritera argentina, representada por varias compañías a lo largo y ancho del país.
Este espectáculo tiene una excelente proyección afectiva en el público de todas las edades. El protagonista es un niño, Mamuelito, y se le ha perdido su Unicornio Azul, su amigo. Inicia una búsqueda desesperada que lo llevará a relacionarse con una cantidad de personajes desopilantes. En un final ante el cual es imposible no emocionarse, se reencuentra con el Unicornio Azul, que representa la recuperación de una esperanza, un ideal extraviado.


Comentario periodístico de “Mamuelito y el unicornio”
Octavo Festival de Titiriteros Andariegos. Bariloche, mayo de 2008.
Melissa Bendersky – Periodista independiente – melissabendersky@yahoo.com.ar

Este espectáculo usa retablo tradicional. La línea argumental de la historia Mamuelito y el unicornio es la narrada en la canción de Silvio Rodríguez “Mi unicornio azul”.

La presentación del espectáculo está a cargo de dos títeres (un perro y un oso) muy tiernos y simpáticos, hechos en peluche, que juegan y pelean amistosamente con los carteles de presentación. La segunda parte es muy dinámica. Se juega con elementos de limpieza “verdaderos” que manipulados correctamente se transforman en títeres, algunos están personificados con ojos y boca, pero otros son, simplemente, una esponjita de lavar los platos, un trapo de piso en un secador, una escoba. Sorprende que estos objetos puedan ser títeres, y se deja en claro que lo que transforma en títere o juguete a un objeto, no es tanto la constitución del objeto en sí mismo, si no la mirada que sobre él se aplique, la imaginación y la predisposición al juego que tengan tanto el manipulador como el observador.

La historia central del espectáculo, Mamuelito y el unicornio, está presentada por el propio titiritero, que cuenta cómo decidió hacer esta obra. El personaje principal es Mamuelito, que es un chico o joven, que perdió a su unicornio, a su amigo, y lo busca desesperadamente por todos lados y usando todos los medios que se le ocurren. Durante su búsqueda se va encontrando con varios personajes, algunos lo ayudan y otros no. Entre los que no colaboran demasiado hay un policía, quien básicamente no cree en la existencia de unicornios. Este personaje, igual que otros que aparecen después, es un estereotipo a través del cual se hace una crítica social fuerte.

El público participa naturalmente cuando el policía dice que los unicornios no existen, le gritan que sí, que existen, aunque hasta ese momento eso no se haya afirmado en el espectáculo, es más bien una creencia o una decisión de los chicos.
El personaje de Mamuelito es inocente y bueno, no concibe que algunos de los personajes con los que se encuentra puedan albergar maldad o mala intensión. Los chicos se identifican rápidamente con este personaje.

 Durante todo el espectáculo hay guiños para el público adulto en la lúcida interpretación que se hace de los estereotipos e imaginarios de la “argentinidad”. También hay una alusión a la historia bíblica de la creación del mundo; aparece un árbol de manzanas y Mamuelito se tienta, está por comer una cuando aparece la serpiente que le dice que sí, que coma. Los chicos y él mismo se ponen nerviosos y deciden que no, que debe continuar en su búsqueda. Mamuelito no cae en la tentación.


La historia tiene al menos dos niveles de lectura, uno para los más chicos, con personajes buenos y malos, referencias humorísticas y gags de persecuciones, peleas, desencuentros, etc; y otro nivel de lectura dirigido al público adulto, donde se hacen críticas y cuestionamientos a la sociedad, pero sin que sea aburrido o denso.

El personaje principal está bien caracterizado, habla rápido, urgido como está por su búsqueda. Constantemente hace citas de canciones latinoamericanas de los ’70 y ’80.

En su búsqueda Mamuelito va a ver a un locutor de radio, que si bien lo ayuda, cree que si el unicornio no es algo que se compra o vende, entonces no existe. Después visita a un adivino, que tiene una bola mágica que se prende cuando “habla”. Así se entera que un monstruo tiene a su unicornio y que no va a poder rescatarlo sin ayuda. Aquí aparecen recursos de “realismo mágico” como que el adivino y Mamuelito se trasladan por el espacio-tiempo agarrados a la bola mágica.

Un personaje brasilero es quien lo va a ayudar a combatir al monstruo. El público está muy enganchado, los chicos gritan y participan permanentemente. El monstruo aparece cantando una canción de Palito Ortega, lo que es un nuevo guiño para los adultos. El brasilero aunque lo intenta, no logra matar al malo, cosa que lo desmoraliza. Quien finalmente logra matar al monstruo es un gaucho, con vincha y lanza.

El encuentro entre Mamuelito y el unicornio, en  el final de la obra, es un poco melancólico, pero emotivo y bastante mágico. Los chicos están pendientes y totalmente concentrados en lo que sucede en el escenario.
El titiritero tiene buen manejo de los títeres, la obra está bien aceitada, es dinámica y entretenida; en algunos momentos es un poco melancólica por la carga histórica y política que plantea. Es inteligente, logra plantear críticas a la sociedad sin olvidarse de entretener, por eso hay gags para los chicos y guiños para los adultos. Un espectáculo inteligente, que supera la simple función infantil de títeres, es una obra para que todo el mundo la pase bien y disfrute.

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