Javier Villafañe y "La Andariega"

Javier Villafañe nació el 24 de junio de 1909, en el barrio de Almagro, Buenos Aires. 
Desde niño anidó un especial gusto por la escucha de relatos –ya fueran clásicos narrados por su madre, o populares por una empleada española–; por sentir y palpitar la poesía callejera, y se maravillaba con el mundo de los títeres.




La Andariega
A los 24 años asiste a una escena determinante para su vida. Transcripta por su amigo Pablo Medina, en "Javier Villafañe. Antología. Obra y Recopilaciones" (Sudamericana, 1990), el propio Villafañe comenta: “Un día estábamos en el balcón de la casa de mi hermano, Oscar, en la calle Azcuénaga, con Juan Pedro Ramos, el poeta y amigo, y pasó un carro conducido por un viejo, y sobre el heno que llevaba iba un muchacho mirando el cielo mientras masticaba un pastito largo y amarillo. Pensamos en ese momento con Juan qué hermoso sería poder viajar toda la vida en un carro y que el caballo nos llevara adonde quisiera”.


Seducidos por el ideal de libertad, por la voluntad artística y la celebración de la vida, ambos compañeros dan origen a “La Andariega”, aquella mítica carreta devenida hogar y teatro de títeres ambulante. Nacida de un carro hielero y remozada por manos propias y amigas, se pobló de personajes legendarios como el mentado Maese Trotamundos. 
Ramos y Villafañe dan la primera función de "La Andariega" en un baldío del barrio de Belgrano, el 22 de octubre de 1935
Juan Pedro Ramos (izq.) y Javier Villafañe (der.) Primera función en La Andariega. B° Belgrano. Octubre de 1935

La Andariega de Villafañe en la ciudad de Azul 1965



La Andariega fue cambiando caballo, carro, y nombre. En esta imagen vemos a J. Villafañe en La Plata con el teatro ambulante "El Barrilete"






Primero hacia el sur de la provincia de Buenos Aires, en compañía de Juan Pedro Ramos, y luego hacia el norte –donde quedaría particularmente impactado por la gente, la fauna y la geografía entrerrianas–,Villafañe da comienzo a su infinito derrotero de artista ambulante. A esos primeros viajes seguirían otros por el interior profundo de la Argentina y muchos países.

Con el tiempo llegaron sus distintas nupcias, sus hijos, el oficio periodístico y una profusa obra literaria. Pero nunca se truncó su vida andariega. Sus pies y “sus manos” hollaron Europa, África y América.

Javier con su "teatro que camina"
En 1940 recibió una beca de la Comisión Nacional de Cultura para "divulgar la actividad titiritera". Acerca de este oficio publicó varios libros, entre los que destaca "Teatro de títeres". Debido a la dictadura militar, se vio obligado a retirarse del país y retornó en 1984. Villafañe también se dedicó a la poesía y la narración. Recibió numerosos premios. Las obras de Javier, son piezas clásicas del género en todo el mundo.
Él ha editado sus poemas en papel maché. Tienen ojos de vidrio, melenas de lana y capas voladoras. Sus libros exasperan parques, enloquecen ferias y se van a pie por los caminos.
Cuando un titiritero levanta el brazo y muñeco en mano anuncia una de sus obras, pide la palabra. Es un actor, sí. Lo que muchas veces no sabe es que enarbola un poema.

Conclusiones insoslayables…
No ha sido por casualidad que Javier Villafañe expresara:
“El títere nació el primer amanecer, cuando el primer hombre vio por primera vez su propia sombra y descubrió que era él y al mismo tiempo no era él. Por eso el títere al igual que su sombra, vivirá con él y morirá con él.”




Títeres originales de Javier Villafañe


Javier con Maese Trotamundos
Celebrando a Javier
“Creo que el secreto de Javier es haber conservado al niño.
Ese que todos traemos al nacer: curioso, imaginero, transformador tierno, irreverente y a la vez creyente.
Ese ser luminoso que poco a poco, en la gran mayoría de los humanoides, se va opacando, gracias al cumplimiento de las buenas costumbres y a la aceptación de una interminable cadena de absurdos que nos alejan del verdadero sentido de la vida.
Gracias Javier por haberte burlado (con la altura de un pájaro) de tantas idioteces. Gracias por haber celebrado tantas sencilleces, siempre, con las manos limpias.”

María Teresa Corral. 2009

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